domingo, 21 de abril de 2019

Hoy voy a

Me da rabia.
Me da mucha, muchísima rabia.
Ir a contracorriente a veces.

Que cuando estoy bien a mi bola, alguien quiere atarse a mí. 
Que cuando encuentro alguien a quien anclarme, que no atarme, quiere estar a su bola.

Y esque ya no sé si son las personas que no me merecen, o si soy yo el problema y no quieren estar conmigo, porque con otras sí.
Porque duele sentirse insuficiente para cualquiera.
Sentir que cuando parece que algo te ilusiona y funciona, se corte por "sentir demasiado". 
Ver que con la persona con la que contabas y te sientes agusto, se repita la misma historia.
Saber que no puedes hacer nada mas que esperar y dejarle espacio a las personas, que cada una tiene su ritmo, su forma de ser, de actuar, de sentir...

Pero y yo?
No merezco la pena?
Creo que me merezco que me quieran, porque joder, tengo mucho que dar.
Y hostia, es muy guay y muy bonito, y sin echarme flores...    Qué coño?      Sí, me las echo.    Y qué?

Te prometo que si te das la oportunidad, lo vas a flipar, porque como amiga, compañera, follamiga, novia, conocida, exnovia, intensita... Soy muy buena.

Y ya estoy harta de que todo me salga mal, hoy voy a



martes, 26 de marzo de 2019

Qué bonito es.

Qué bonitas las personas.
Qué bonitas aquellas que, por simple que sea, te dedican una sonrisa. Aquellas que te hacen cosquillitas sin pedirlo, o te besan la frente de la nada. Esas que te piden un abrazo con ganas, o las que te llaman solo para charlar. Las personas que te llevan al cine a ver una peli que tenías ganas, o te invitan a su salón. O las que en una tarde de domingo te llevan a tomar el sol al río. También quien te descubre sitios nuevos y bonitos, o quien tiene ganas de descubrirtelos. Qué bonito cuando se acuerdan de tí de repente, y te escriben para ver qué tal te va. Bonito también es que te digan "Vámonos de viaje, a donde sea", o quizá a Berlin, Madrid, Bollullos o La habana... Porque lo bonito es la compañía. Pero lo bonito es, de verdad, ver que por un momento una persona te dedica algo, lo que sea, un mensaje o un simple emoticono. Que te digan "Bonitx". Compartir un café. Mirarse a los ojos y no poder evitar suspirar y sonreír, por saber que esa persona será tu ruina... Pero qué ruina tan bonita.
Pero lo más bonito de todo es, dentro de tanta mierda,
encontrar 
                        lo 
                                           bonito.

domingo, 3 de febrero de 2019

La veía pasar.

Miraba por la ventana, esperando poder verla pasar. Todos los días sobre aquella hora, mientras aprovechaba para tomar el café, veía pasar a la morena. No sabía nada de ella, únicamente que iba a alguna parte a diario menos los domingos y que adoraba el negro. Ya no me molestaba en ocultarme, pues ella iba absorta en la música de sus auriculares y la pantalla de su teléfono. Temía que un día por no mirar, tuviera un accidente, pero me resultaba tan cautivadora la forma que tenía de abstraerse del mundo real que no me atrevería a interrumpirle. Admiraba desde la silla de mi cocina su trayecto de lado a lado de la calle, con su ondeante cabello negro y sus apresurados pasos. Sus ojos, oscuros y cubiertos con un maquillaje que hacía que su expresión resultase felina, observaban incansablemente el aparato con una sonrisa. Esa sonrisa, rodeada de unos carnosos y rojizos labios que incitaban al pecado. Yo incluso celaba a aquella persona merecedora de tal maravilla. Era pequeña, delgada, de esas que te apetece atraparla entre tus brazos y no soltarla. Además otra cosa que sabía de ella, es que siempre iba sola. Parecía tener siempre a alguien detrás de una conversación por teléfono, pero nunca iba acompañada. También adoraba el frappé de vainilla, los phoskitos y el esoterismo. Siempre llevaba algún amuleto, o elemento relacionado con la magia, la brujería... Y a mi no me extrañaba en lo absoluto, porque a mí me había hechizado. Cómo me encantaría acercarme y entablar conversación con ella en vez de mirarla como si fuera un acosador, pero... Bueno, es que soy tímida.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Si un día no vuelvo

Todos los dias salgo de casa.
Pero ningún día se si volveré.
Si volveré sana y salva, viva, o si volveré violada, maltratada, humillada, o incluso perseguida hasta mi puerta.
Quizá un día no vuelva.
Quizá un día sea yo la que aparezca en las noticias.
Y quizá esto lo pensaban todas las que no volvieron.
Si un día no vuelvo,
pido que todas mis hermanas salgan a la calle, porque yo no me callé, y si me callan, que ellas griten por mí.

lunes, 10 de diciembre de 2018

TIC-TOC y sus movidas.

Alinea esos lápices de la mesa.
Los cuadros están torcidos, puedo ponerlos rectos?
Uy tienes una manchita, te la quito.
Ay la solapa de la chaqueta se te está doblando por el bolso, ponla bien o se quedará arruga.
El volumen de 5 en 5.
Jo, tienes una pestaña en la mejilla que no me deja vivir.
Los macarrones de 3 en 3, uno para cada lado y otro para el medio.
Golpecitos a la pantalla con la uña.
Si dibujo una forma con el dedo/mano/brazo, tengo de volver a hacerla a la inversa, que si no...
La cantidad equilibrada de cada ingrediente en cada cucharada.
Abrir los ojos a la vez que la secuencia que hace la luz del portátil y del teléfono se apaga... Tres veces seguidas.
Monedas ordenadas por tamaño, una naranja pelada de una sola tajada en espiral, que varios objetos en una superficie no se toquen ni se tapen entre ellos desde varias perspectivas, tener un objeto redondo y poder cuadrarlo en alguna parte de casualidad, el metro perfectamente enrollado, que satisfactorio... 
No controlo la situación cuando los sentimientos me desbordan, y eso me agobia aún más.
Cuidado al lavarte las manos no te mojes las mangas, que incómodo.
Oler la parte superior del labio.
Si decidimos un plan no me lo cambies poco antes porque entro en histeria.
Rozarme la punta de la nariz continuamente.
Necesito tener organizado que voy a hacer hoy, si no, no haré nada.
Me ha llamado la atención un objeto/prenda de alguien/una persona y no puedo dejar de mirar a un punto exacto, es incómodo para tí y para mí.
Son esas movidas.

domingo, 28 de octubre de 2018

Hoy salí a la calle.

Hoy salí a la calle.
Sí, hoy salí a la calle como cada día, para hacer lo que cada día, pero juntas.
Hoy fuimos a gritar y a luchar por lo que es nuestro.
Por lo que siempre ha sido nuestro.
Hoy salí a la calle.
Y volví sin voz, con los ojos humedecidos y la sonrisa temblando.
Por que sois tan fuertes, somos tan fuertes, y gritamos tan fuerte.
Gritamos tan fuerte dentro de esta caja de cristal en la que nos tienen desde que abrimos los ojos, los oídos y la boca.
Hoy salí a la calle.
Hoy lloré por esas 68 mujeres, 68 madres, hijas, hermanas, 68 almas que fueron asesinadas por el Patriarcado.
Lloré porque con ropa o sin ropa mi cuerpo no se toca, porque sola o borracha quiero llegar a casa, porque no es no y lo demás es violación, porque justicia machista defensa feminista, porque no estamos todas faltan las asesinadas, porque que no que no que no tenemos miedo.
Hoy salí a la calle.
Y me emocionó ver a todas las personas que allí estábamos, que aunque no nos manifestemos todos los días, no olvidamos la lucha.
No olvidamos lo que nos hacen.
Que nos matan. Que nos violan. Nos matan. Nos violan. Nos matan.
Hoy salí a la calle.
Y hoy la calle, también fue nuestra.

lunes, 22 de octubre de 2018

El duelo.

Es curioso como las personas asumimos la pérdida o la derrota... Al principio negamos lo evidente y simplemente nos auto convencemos de que no ha ocurrido, que todo va bien, para así no tener que admitir que estamos hechos mierda por dentro. Pero esto no suele durar mucho hasta que chocamos con la realidad, y cuanto más tarde, peor.
A continuación tendemos a enfadarnos y a pretender culpar a otro de todo, porque saber que ha ocurrido sin precedentes es muy doloroso y es más fácil buscar un motivo externo, es la llamada Ira. Aparece por la frustración de que la muerte es irreversible y que no se puede hacer nada contra ello.
Cuando buscamos salidas para modificar la pérdida de manera que no sea tan grave como es, estamos en la negociación, para revertir lo ocurrido o pensar en qué habría ocurrido si...? La parte más triste sin duda alguna es cuando pasamos a la tristeza, la depresión.
Llegados a este punto no negamos ni aceptamos nada, solo lloramos y nos encerramos en nosotros mismos, pero sin cambiar nada, nos deshacemos en lágrimas, nos aislamos, y sacamos todo para depurarnos, pero no nos ayuda a superar nada... Y quizá eso es lo más duro, saber que cuando parece que dejas de llorar y has expulsado todo el dolor de ti, aún queda la parte más difícil y longeva... La aceptación.
Aunque parezca la última etapa, la luz al final del túnel, el último paso para asumirlo y seguir con tu vida, es también la que más dura, si bien toda la vida. No olvidamos ni superamos la pérdida o derrota, sino que aprendemos a vivir con ello y sobrellevarlo sabiendo que no lo es todo. Y así, quizá, algún día, ser felices.
Las fases de un duelo (no solo por la pérdida de un familiar, la ruptura con una pareja, o la derrota por un sueño) no son un guión preestablecido, no son una serie de puntos por los que tienes que pasar necesariamente, ni en un orden concreto. Cada persona es un mundo, cosa que sabemos de sobra, y cada quién siente y padece las cosas de diferente manera.


Hoy dedico esto a las personas que han perdido recientemente a alguien o algo por lo que luchaban.